miércoles, 18 de marzo de 2015

Akhenaton y su doctrina del dios único



Los antiguos egipcios tenían decenas de deidades y guardianes protectores del "mundo invisible". Con el tiempo, la civilización egipcia alcanzaría un nivel tal de politeísmo, que llegarían a contarse entre ellos más de 750 dioses y otras fuerzas divinas que elevarían a cantidades asombrosas tal proliferación de paganismo e idolatría. Cómo sabemos estas deidades evocaban a los Ángeles rebeldes antediluvianos quienes actuaron como dioses en contacto directo con los hombres.

Cuando el culto de Amón-Ra se había afianzado en el Egipto tebano, y el sacerdocio de Amón empezaba a contar con gran influencia, el nuevo monarca, Akhenaton, para sorpresa de todos, comienza una gran reforma teológica en Egipto. Akhenaton constituiría, según algunos, el primer gran intento por implantar una religión monoteísta en el Egipto infestado de dioses. Sí, este rey comienza a borrar y a eliminar decenas de los grabados e imágenes pertenecientes a muchas divinidades egipcias. Incluso suprimió el culto a Amón-Ra, sosteniendo con las castas sacerdotales de Amón una gran lucha. Finalmente venció, y borró el nombre de Amón de todos los templos y monumentos egipcios. Akhenaton estrenó entonces al pueblo egipcio, una nueva revelación, una nueva divinidad, llamada Atón. Esta "suprema revelación" sería el único dios al que los egipcios deberían adorar.  

Aunque muchos egiptólogos han alegado que la reforma de Akhenaton no constituía en realidad una manifestación de monoteísmo, ya que la expresión del nuevo dios era en realidad la fusión de otras deidades, el punto es que Akhenaton si hizo un gran esfuerzo por eliminar el poder de muchos dioses, incluyendo al extraño Amón. Tal vez su reforma no sería como la del rey judío Josias, quién muchos siglos después restituiría la adoración correcta a su país. Pero esto se debe a que Josias trajo de vuelta la adoración verdadera a un pueblo que ya tenía esos orígenes monoteístas. En cambio, Akhenaton, intentó implantar una nueva revelación a un pueblo que nunca había adorado a un solo dios. Esto hace que Akhenaton no intentara hacerlo de golpe, sino gradualmente. Para ello no podía eliminar inmediatamente todo concepto pagano de la mente de una cultura tan politeísta, sino que de una manera inteligente, fusionó o redujo muchas ideas a una sola. Atón, el único dios, constituiría un esfuerzo por sanear las mentes egipcias y conducirlas a la posterior revelación de un Padre Universal, (él pretendía posteriormente llevarlos a otra fase de enseñanza que nunca se concretó por el complot de las fuerzas oscuras: él deseaba mostrarles al Padre) pero los planes de Akhenaton se verían truncados.

Si este hombre con una perspicacia asombrosamente clara y una resolución extraordinaria hubiera tenido la sagacidad política de Moisés, habría cambiado toda la historia de la evolución de la religión y de la revelación de la verdad en el mundo occidental. Durante su vida fue capaz de refrenar las actividades de los sacerdotes, a los cuales desacreditó en general, pero éstos mantuvieron sus cultos en secreto y se lanzaron a la acción en cuanto el joven rey desapareció del poder; y no tardaron en relacionar todas las dificultades posteriores de Egipto con el establecimiento del monoteísmo durante su reinado.

Akenatón trató muy sabiamente de establecer el monoteísmo bajo la apariencia del dios Sol. Esta decisión de enfocar la adoración del Padre Universal absorbiendo a todos los dioses en la adoración del Sol se debió al consejo del médico salemita. Akenatón cogió las doctrinas generalizadas de la religión entonces existente de Atón sobre la paternidad y la maternidad de la Deidad, y creó una religión que reconocía una relación íntima de adoración entre el hombre y Dios.



Akenatón fue lo bastante sabio como para mantener la adoración exterior de Atón, el dios Sol, mientras que condujo a sus asociados a la adoración disfrazada del Dios único, el creador de Atón y el Padre supremo de todos. Este joven rey-instructor fue un escritor prolífico, siendo el autor de la exposición titulada «El Dios Único», un libro de treinta y un capítulos que los sacerdotes destruyeron por completo cuando recuperaron el poder. Akenatón escribió también ciento treinta y siete himnos, doce de los cuales se conservan actualmente en el Libro de los Salmos del Antiguo Testamento, atribuídos a autores hebreos.

La palabra suprema de la religión de Akenatón en la vida diaria era «rectitud», y amplió rápidamente el concepto de la acción correcta hasta abarcar tanto la ética internacional como la nacional. Ésta fue una generación de una piedad personal asombrosa y estuvo caracterizada por la sincera aspiración, entre los hombres y las mujeres más inteligentes, de encontrar a Dios y conocerlo. En aquella época, la posición social o la riqueza no concedían a ningún egipcio ninguna ventaja a los ojos de la ley. La vida familiar de Egipto contribuyó mucho a conservar y aumentar la cultura moral, y sirvió posteriormente de inspiración para la magnífica vida familiar de los judíos en Palestina.



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